Todo depende de docentes, presupuestos y buenas decisiones
Por PAUL CONSTANCE
No es más fácil, pero es más divertido". Así describe Marcos Tedeco, un estudiante de 14 años en una escuela pública de Buenos Aires, la experiencia de usar una computadora para aprender matemáticas.
Esa opinión es como música para los oídos de cualquier docente que haya intentado despertar el interés de sus alumnos en las matemáticas o en cualquier otro ramo académico. Ayuda además a explicar porqué las tecnologías de la información y la comunicación generan tanto entusiasmo entre quienes aspiran a hacer más equitativa y dinámica la educación en América Latina.
Aunque las computadoras todavía son un lujo en la mayoría de las escuelas de la región, el entusiasmo que provoca su potencial es fácil de entender. El aprendizaje ocurre a través de la interacción con palabras, imágenes y sonidos. El acceso a maestros, libros y otros medios que ofrezcan ese "contenido" se ha visto siempre limitado por costos y distancias. Pero la proliferación de computadoras a precios cada vez más bajos y la expansión del Internet permiten prever que hasta los estudiantes en sitios remotos podrán acceder a un inmenso caudal de información por la vía cibernética.
"Piénselo", dice John Gage, jefe de estudios científicos de la empresa de computadoras Sun Microsystems y uno de los arquitectos del Internet. "Un estudiante en la zona rural del norte de Chile puede leer El Mercurio, The New York Times, Le Monde y el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Hay un millar de diarios en el Internet".
Gage, quien conversó con BID América en abril durante una exhibición de tecnología en Santiago de Chile auspiciada por la Iniciativa Informática 2000 del BID, es un persuasivo predicador de las virtudes del Internet. Como empleado del gobierno estadounidense en los años sesenta, contribuyó a concebir y desarrollar la red militar de datos que evolucionó hasta convertirse en el Internet. Su premisa era que, al permitir que la gente intercambiara información instantáneamente a grandes distancias, se desataría una revolución en aprendizaje, productividad y desarrollo. En la actualidad Gage dedica la mayor parte de su tiempo a promover lo que llama una idea muy simple: "Las mejores ideas son simples", dice. "Cada alumno debería tener acceso al Internet y un buzón de correo electrónico".
Gage suele predicar entre los conversos. Crecientemente los empleadores ven al conocimiento de computación (la capacidad para trabajar con un procesador de palabras, una hoja de cálculo o un banco de datos) como una habilidad indispensable. Convencidos de que la tecnología es la clave para preparar a los jóvenes para ser protagonistas de una economía global impulsada por la informática, los gobiernos de la región, desde Canadá hasta Costa Rica, implementan programas para conectar sus escuelas al Internet y proporcionar computadoras a tantos estudiantes como sea posible. En una medida raramente vista en el pasado, ese esfuerzo es promovido y a veces financiado por el sector privado. Ese entusiasmo fue palpable en la exhibición realizada en Santiago de Chile en coincidencia con la segunda Cumbre de las Américas, que tuvo a la educación como uno de sus principales temas.
¿Bueno para todos? El potencial de la tecnología ha parecido siempre particularmente brillante en contraste con el nublado panorama de la educación en América Latina. Aunque hay muchas buenas escuelas en las grandes ciudades de la región, virtualmente todas las naciones de América Latina aún luchan por superar serias deficiencias en la educación básica, en la capacitación y remuneración de sus docentes y en los materiales e instalaciones provistos para la enseñanza. Incluso en los países donde los gobiernos se esfuerzan por hacer una reforma educativa el progreso ha sufrido embates ideológicos, burocráticos y sindicales.
Algunos especialistas creen que la tecnología puede servir para superar esas barreras. Dado que puede llevar décadas reformar las burocracias del sector educativo, ¿por qué no dotar ahora con nuevas tecnologías educativas a docentes y alumnos motivados?
En realidad, los educadores latinoamericanos han estado explorando esa posibilidad durante años. Mucho antes de las computadoras y el Internet, varios países latinoamericanos desarrollaron sistemas pioneros de radio y televisión para la "educación a distancia" en aulas, hogares y lugares de trabajo. Utilizados para una gama de programas, desde cursos básicos de alfabetización hasta instrucción técnica avanzada, esos sistemas han sido generalmente exitosos, alcanzando a millones de personas que de otra manera no hubiesen tenido acceso a la educación.
Comparado con la TV y la radio, el potencial educativo de la computadora y el Internet es todavía comprendido sólo en parte y ampliamente debatido. Los escépticos sostienen que hay escasa evidencia de que la computadora puede mejorar el aprendizaje. Pero la mayoría de los educadores cree que esa tecnología, si es manejada por docentes calificados y creativos, puede contribuir a desarrollar capacidades cognoscitivas de alto nivel en estudiantes que ya tengan una sólida base de conocimientos.
Cuestión de costos. Dado el éxito de los métodos de "educación a distancia" y los beneficios potenciales de las computadoras, los educadores latinoamericanos se enfrentan con difíciles opciones al momento de decidir cuál es el mejor destino de sus limitados presupuestos. El tema de los costos es fundamental. Aunque los precios de las computadoras y de conectarlas a las redes informáticas siguen cayendo, aún resultan considerables. En países donde el salario de los docentes figura entre los más bajos del sector público, cualquier iniciativa de asignar recursos para la compra de nuevos equipos será puesta en tela de juicio.
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